EL ESPÍRITU SANTO
Creemos que el Espíritu Santo es una Persona divina (Jn. 16:13-14), igual con el Padre y el Hijo, y de la misma esencia y naturaleza (2 Cor. 3:17). Él convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Jn. 16: 8-11). Él da testimonio de la verdad y es el agente divino del nuevo nacimiento (Jn. 3:5; Tito 3:15). Él sella, guía, enseña, dota, santifica, ayuda y da testimonio al creyente, morando en cada hijo verdadero de Dios. (Ef. 1:13-14; 4:30; 5:18; Jn. 14:16,26; 1 Cor. 6:19; 12:7-11; Rom. 8:9, 13-16).
Creemos que Jesucristo bautiza con el Espíritu Santo a cada creyente en el momento de nacer de nuevo (Hech. 2:38; 1 Cor. 12;13; Rom. 8:9,14 con Jn.1:12; Gál. 3:2-3). El día de Pentecostés marcó la ocasión histórica cuando el Espíritu Santo descendió para comenzar Su obra en el mundo. Desde ese día, en el momento de salvación Él entra en la vida del creyente para tomar morada una vez para siempre con el fin de engendrar vida nueva, guiarla en obediencia a la Palabra de Dios y dotarla con dones para el servicio (Hech. 1:4,5,8; Ef. 2:4-10,17-22). Por lo tanto, el mandato bíblico del creyente no es ser bautizado con el Espíritu Santo, sino andar en el Espíritu Santo (Gál. 5:16). La evidencia de la vida llena del Espíritu Santo es una vida que manifiesta los frutos nombrados en Galatas 5:22-23.
Creemos que la obra del ministerio en la iglesia es la responsabilidad de todos los creyentes, mediante ejercicio de los dones del Espíritu Santo. Estos tienen como propósito principal la edificación de la familia de Dios (1 Cor.14:12). Estos no indican en si mayor o menor espiritualidad en el creyente que los recibe (Por ejemplo, 1 Cor. 1:5-7 con 3:1).
Hay una jerarquía definida de los dones del Espíritu, con prioridad dada a aquellos dones que resultan en la proclamación del evangelio. El don de lenguas no es un don que tiene mayor importancia para el bienestar espiritual de la iglesia (1 Cor. 12 y 14). Ciertos dones como las lenguas son particularmente susceptibles al abuso y pueden ser fingidos o duplicados por otra cosa que no sea una obra directa del Espíritu Santo. El hablar extáticamente no requiere necesariamente una obra sobre natural del Espíritu, ni se puede asumir que sea una manifestación definida de Su presencia.
Hemos de procurar los dones mejores (1 Cor. 12:31), motivados por el amor que "no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo" (1 Cor. 13). El ejercicio de los dones espirituales tiene que estar de acuerdo con el orden que el Nuevo Testamento prescribe, y reflejar el énfasis debido que la palabra de Dios les da en particular y en conjunto (1 Cor. 14:31-33, 40; Rom. 12:4-9).
El don actual de profecía no será interpretado ni practicado de una manera que esté en conflicto con el primer párrafo de la declaración de Fe (Las Sagradas Escrituras).