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LA SALVACIÓN
Creemos que la salvación es el don de Dios, dado solo en el Señor Jesucristo, quien murió por nuestros pecados como nuestro substituto y mediador. Creemos que Su muerte hizo una expiación completa en la que Él sufrió en nuestro lugar la pena de nuestra condenación (Jn.14:6; Is. 53:6;
1 Ped. 1:18-19; Cor. 5:21; Gál. 3:13; 1 Ped. 2:24).
Creemos que la salvación que Cristo ha procurado para cada quien que cree en Él encierra:
- La Justificación: Por la cual somos declarados por Dios como justos, perdonados y poseedores de la vida eterna sobre la base de la perfecta justicia de Cristo que nos es imputada (acreditada) (Rom. 3:24-26; 3:4-8; 5:1);
- La Regeneración: Por lo cual nos es dada una nueva voluntad por el Espíritu de Dios con el fin de que andemos en la libertad gloriosa de obediencia espontánea a la Palabra de Dios y en la comunión íntima con Dios (2 Cor. 5:17; 1 Ped. 1:3-5; Ef. 4:24);
- La Glorificación: Por la cual nos son aseguradas toda bendición y perfección prometida en el Evangelio a los herederos del reino eterno y perfecto de Dios (Rom. 8:16-17; Fil. 3:20-21)
Creemos que esta salvación viene por la gracia de Dios por medio de la fe en Jesucristo y de ninguna manera por medio de las obras. Que es el deber de todos aceptarle inmediatamente por fe, arrepentimiento y la obediencia (Ef. 2;8-10; Hech. 2:38; Jn. 6:19). Creemos que el creyente ha de regirse por los mandamientos del Nuevo Testamento, los cuales expresan la voluntad de Dios para su iglesia redimida (Gál. 3:24-25; 5:1-3; Col. 2:16-17; Heb. 8:5-6,13; Ef. 4:17- 6:20). Creemos que la santificación durante esta vida es un proceso de crecimiento espiritual hacia una madurez cristiana que va adquiriendo mediante el Espíritu Santo nuevas victorias sobre el pecado que quiere asecharnos, produciendo un carácter y una conducta más en la semejanza de Jesucristo (2 Cor. 3:17-18; Rom. 6:12-13; 7:18-8:4; Fil. 3:13-14; 2 Ped. 3:18; 1 Jn. 1:6-10).
Creemos en la seguridad de la salvación eterna del creyente; que solamente aquellos que son creyentes genuinos perseveran hasta el fin y que su perseverancia en Cristo es la señal que los distingue de profesiones falsas de fe; que los creyentes son guardados en fe por el poder de Dios (Jn. 10:28; Rom. 8:30,35-39; Fil. 1:6; 2:13; 1 Ped. 1:5; Heb. 10:39; Judas 24-25).

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